martes 24 de febrero de 2009

Experiencia Matrix



Lleva doce años arrastrándose al mismo centro de trabajo situado en una de las zonas más comerciales de Madrid, el barrio de Prosperidad. Doce años, que se dice pronto. "Que se dice pronto", se repite a sí mismo, como esperando comprobar la veracidad de tamaña afirmación. "Que se dice pronto", se le escapan las palabras por la boca estirándole una especie de sonrisa grotesca, anodada, imbécil mientras contempla por primera vez la puerta roja idéntica a aquella verde que lleva atravesando día tras día. Idéntica, pero roja, a la puerta de su oficina ubicada a escasos centímetros. Idéntica pero de dónde coño ha salido esa puerta. Idéntica pero cómo no he podida verla hasta ahora. Idéntica, pero roja, y qué pasaría si al menos hoy.

domingo 1 de febrero de 2009

Vamos a empezar por el principio



Vamos a ver si empezamos por el principio y buscamos la forma de querernos toda la vida.

- Deja de mirarme así y quítate de la cabeza lo que sea que estés pensando - me dice burlona, satisfecha de su capacidad de descifrarme como un acertijo para niños. - ¿Qué te apetece hacer esta mañana?

- Será mejor que empecemos por el principio - me doy la vuelta para que no me vea sonreir. - Dame un beso y ayúdame a estirar la cama, anda.

miércoles 17 de diciembre de 2008

A precio de saldo




Ayer fui de compras al Corte Inglés. En la planta de Oportunidades ví algo que me entusiasmó y además, a muy buen precio. Lo malo de las pagas extraordinarias es que te dan licencia para llevarte la primera chorrada con la que te encuentras, así que me lo compré. De camino hacia casa, mientras esperaba que el hombrecito verde apareciera en el semáforo caí en la cuenta,
— Pero seré gilipollas, si ya me compré una Navidad el año pasado ...


Robado a Ernesto Pitis sin autorización previa

martes 7 de octubre de 2008

El metro, Johnny Carter, la mujer y la pregunta del niño


"Pregúntaselo a ese señor, a ver qué te dice"

El señor soy yo. Espero al metro sentado en uno de los bancos del andén. Linea seis, dirección Plaza Elíptica. Viajar en el metro es como estar metido en un reloj, me dice un Johnny Carter apretado entre los renglones de El Perseguidor, el libro que ahora comienzo a cerrar. Las estaciones son los minutos, añade Cortázar. Los minutos, dos minutos, el próximo tren efectuará su entrada en la estación en dos minutos, el próximo tren efectuará su entrada en la estación en dos estaciones. La de fuera es Otoño.

Ella aparta su mirada del niño y me regala sus traviesos ojos verdes. Tiene el pelo moreno, la cara morena, las manos morenas. El resto debe ser moreno también. En una de sus manos morenas una alianza bien rubia, bien alianza, no debería fijarme tanto en esos detalles, no sé por qué me fijo tanto, sí sé por qué me fijo tanto. Treinta y pocos si llega, no muy guapa pero me gusta, me gustaría … Está sentada en mi mismo banco, a escasos cincuenta centímetros de mí, justo el espacio que ocupa un muchachillo de unos ocho años, su hijo o vete tú a saber, el hijo de alguien. Lo miro y me mira. Ay, madre …

“Venga, pregúntaselo al señor, seguro que él lo sabe” apresura al chaval mientras ella se sonríe, se divierte, me sonríe, el próximo tren efectuará su entrada en la estación en una estación. No parece que sea la vergüenza lo que impide al chico hacerme la gran pregunta, más bien parece rebuscar en su incompleto arsenal lingüístico las palabras adecuadas. Al fin arremete.

“La gente que está ahí enfrente …”, se lo piensa mejor, “los del otro andén …”, se te acaba el tiempo, chico, parece decir el rechinar del tren que asoma en la estación, escupido por lo negro, “… ¿adónde va la gente que siempre está enfrente? ¿Por qué nosotros siempre estamos en este lado?”

El vagón suda figuras de personas que lo llenan todo. No me acostumbro a las espaldas pegajosas, a los miembros derretidos de mis pasajeros pasajeros de viaje. Paso páginas desordenadamente buscando, distraído, donde continuar mi lectura, ¿qué me decías Johnny?, ah, sí, sí, viajar en metro es como estar metido en un reloj, o en una novela, Johnny, o en una novela. Cada estación es un capítulo.

viernes 20 de junio de 2008

Muchas Felicidades ..


Foto de Eduardo Mendes

.. a todas las chicas valientes que cumplan años hoy.

miércoles 18 de junio de 2008



Yo te hago
cuando quiero,
de la forma que más
me conviene,
como más me gusta,
como mejor te prefiero.

Yo te hago y es verdad
que no siempre me sales bien,
a veces corta,
otras rara,
otras me sales por peteneras.

Pero al final
tú vas y me sales.

Porque te quise,
porque dudé de quererte
como eras, una idea,
te hice.

Yo te hago
y tú sales.
Y luego sales con otros
que, como no te hicieron,
no siempre saben cómo eres.
Menos aun cómo estás hecha
ni de qué.

Aun así hay a quien
le gustas y me lo dice.
Y nos bañamos en lisonjas
de gloria de bar
de mala muerte.

Y tú, que me saliste,
sales con nosotros.
Y no debes explicarte
muy bien qué haces allí
en boca de unos pocos
locos borrachos.

Y te violenta que
hablemos de tí y
te asustas y huyes y
te refugias en palabras
sueltas que eliges al azar
y te reinventas con ellas.

Y empujamos la noche
y empujamos para entrar
la puerta de mi casa.
Y me quito los zapatos
y te sacudo el olor
con el que no te hice.
Y me lavo los dientes.
Y te registro los bolsillos
y encuentro palabras
que guardaste que
no son mías,
que no es que estén mal,
entiéndeme querida,
pero yo te quiero como
me saliste,
como yo te hice,
poesía [o como quiera que te llames].

lunes 26 de mayo de 2008

Me atropellan los lunes que no queman




Me atropellan los
lunes que no queman.

Me atropellan las prisas y
me atropellan las gotas de agua que
escupe cada mañana la alcochofa
de mi ducha.
Los frutos líquidos de la alcachofa
me siembran la cabeza de humedad no verde.
Joder, me atropella lo no verde.

Me atropella el silbido histérico
de la cafetera que quema que quema.
A que me quemo.
Me atropella el calor del café
bajando por mi garganta.
A que me quemo.

Me quema el día por delante,
la gente por delante,
de qué manera me atropella la
gente que quema que quema.

Me lleva por delante la vida,
qué atropello de vida,
cómo quema la vida que quemo.
Atropellados los días, que me atropellan. Que no queman.

Mañana, ya, martes.